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domingo, 7 de mayo de 2017

Hay plazas disponibles. CURSO 2017-2018


Ser conscientes de la importancia de los primeros años de vida de una persona, puede determinar la forma de relacionarse con el mundo, y también consigo mismo en la edad adulta. Facilitar a las familias la información necesaria para abrir conciencia de las verdaderas necesidades, es el fin principal de proyectos como éste.  Conocer y saber cómo puede afectar el entorno a la criatura, si hay disponibilidad adulta, si hay contención, si hay una mirada cómplice, si hay libertad de hacer, de conocer su cuerpo, explorar, experimentar, forma parte indiscutible de nuestra responsabilidad como profesionales y también como ciudadanos. Si queremos cambiar el mundo, primero debemos cambiar nuestra forma de mirar a la infancia.

Si deseas conocer más acerca de mi labor y proyecto, puedes llamar al 626 186 204.

!Hay plazas disponibles para el próximo Septiembre¡





martes, 18 de febrero de 2014

Maestro de corazón

Los niños, y niñas están ahí para enseñarnos quiénes somos.

Esa es su importancia pedagógica, y a nosotros, adultos, nos corresponde saber captar sus mensajes, descifrar sus "claves", recordar sus lecciones, y para escucharlas más de cerca, decidirnos, de una vez por todas, a mirarlos y escucharlos.

Mirar a los niños es entregarnos a la contemplación del Ministerio, ofrecernos como ojos que indagan y escrutan, que escuchan y acarician y que preguntan y responden.
Un niño que no es mirado ni reconocido será un adulto perdido y sin rumbo. Amar es mirar.

Cada mirada cargada de ternura es bautismo que unge al mirado con los santos óleos de nuestra humanidad.
Un niño que no es acariciado será un adulto que estará en una continua búsqueda de lo que desconoce que ya posee dentro de sí.
Un niño que no es escuchado no reconocerá su propia voz ni tomará conciencia del poder de la palabra definitiva que es él mismo.
Los niños sin abrazos serán adultos cuyas manos no pararán de moverse y agitarse, haciendo compulsivamente, pero sin latido y actuando con prisas, pero sin conciencia. O, por el contrario, quedarán petrificados, inermes y sin posibilidad de ubicarse convenientemente en el espacio social que les corresponde.
Si un niño es mirado derramará luego sus ojos sobre el mundo como una bendición; si es escuchado responderá con palabras que sonarán a música y si es acariciado cuidará de la piel frágil de la vida con la misma delicadeza y ternura con la que fue rodeado su cuerpo.

El niño engendra al adulto que será y le alimenta con cada experiencia que vive. Todo hombre tiene por padre y madre el niño que fué.

Por eso, cuidar a un niño, a una niña, es cuidar a toda la especie humana.



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