Mostrando entradas con la etiqueta ALEGRIA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ALEGRIA. Mostrar todas las entradas

martes, 3 de julio de 2018

Hasta pronto, pequeños grandes maestros

No es nada fácil la profesión de acompañar.

Acompañar es mucho más que cuidar, es sostener, es escuchar, es no hablar, es esa mirada que contiene, un gesto de amor, una caricia que calma, la observación meditativa constante y presente, el estar en mi para poder estar en vosotros, es ponerse al lado cogidos de la mano y no enfrente o detrás, es haberte visto tu primero para poder haber visto al otro, es sentir la tibieza del cansancio y ejercer honestidad para poder darte el permiso de frenar cuando la energía ya no es la que era en un principio, soltar, soltarme, en un ejercicio de aceptación a lo que es, en un ejercicio de acompañamiento a nuestra alma.

Es momento de parar, de tomar un respiro, de cuidarse, nutrirse de otros compartires, otras personas, otros quehaceres, otras rutinas, otros aires, y quién sabe si esto será un "hasta pronto" o un "adiós", sólo la vida sabe lo que está por venir, o posiblemente, nosotros mismos somos los que mejor lo sabemos, demos espacio al tiempo.

 Sólo puedo sentir una admiración y agradecimiento profundo a todas esas personitas con las que he vivido una de las experiencias más maravillosas de mi existir; a Sira, Bruno, Makena, Enzo, Aymar, Sophia, Iker, Kai, Mara, Joel y Kenya, Gracias por haber acompañado a la niña que soy, en esta reciprocidad compartida.

Y recuerden el amor incondicional no es de los niños hacia los adultos, ellos ya nos aman incondicionalmente, sino de los adultos hacia los niños. De todos nosotros depende despertar, porque como decía Carl G. Jung, "Quien mira hacia fuera sueña, quien mira hacia dentro Despierta".




"Aquéllo que todo el mundo anhela está presente eternamente
 brillando en el corazón de toda experiencia".
 Rupert Spira


















domingo, 16 de febrero de 2014

Alegría

Siempre que el niño se siente feliz, haga lo que haga, siempre hay alguien que le dirá: "¡No hagas eso!. El niño lo va comprendiendo poco a poco: "Siempre que me siento feliz por algo, eso es malo". Y naturalmente, nunca se siente feliz haciendo lo que los demás le dicen que haga, porque para él no es un impulso espontáneo. Y así llega a saber que estar triste está bien y ser feliz está mal. Esa asociación llega a lo más profundo.

Si quiere abrir un reloj para ver lo que hay dentro, toda la familia se le echa encima gritando: "¡No! Vas a romper el reloj. Eso es malo". El niño solo estaba mirando el reloj, por curiosidad científica. Quería saber por qué hace tictac. Estaba actuando bien. Y el reloj no es tan valioso como su curiosidad, como su mente inquisitiva. El reloj no vale nada -aunque lo destroce-, pero cuando la mente inquisitiva queda destruida, se ha destruido mucho más: el niño no volverá a indagar para averiguar la verdad.

Alegría, Osho. Pag 80