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martes, 3 de julio de 2018

Hasta pronto, pequeños grandes maestros

No es nada fácil la profesión de acompañar.

Acompañar es mucho más que cuidar, es sostener, es escuchar, es no hablar, es esa mirada que contiene, un gesto de amor, una caricia que calma, la observación meditativa constante y presente, el estar en mi para poder estar en vosotros, es ponerse al lado cogidos de la mano y no enfrente o detrás, es haberte visto tu primero para poder haber visto al otro, es sentir la tibieza del cansancio y ejercer honestidad para poder darte el permiso de frenar cuando la energía ya no es la que era en un principio, soltar, soltarme, en un ejercicio de aceptación a lo que es, en un ejercicio de acompañamiento a nuestra alma.

Es momento de parar, de tomar un respiro, de cuidarse, nutrirse de otros compartires, otras personas, otros quehaceres, otras rutinas, otros aires, y quién sabe si esto será un "hasta pronto" o un "adiós", sólo la vida sabe lo que está por venir, o posiblemente, nosotros mismos somos los que mejor lo sabemos, demos espacio al tiempo.

 Sólo puedo sentir una admiración y agradecimiento profundo a todas esas personitas con las que he vivido una de las experiencias más maravillosas de mi existir; a Sira, Bruno, Makena, Enzo, Aymar, Sophia, Iker, Kai, Mara, Joel y Kenya, Gracias por haber acompañado a la niña que soy, en esta reciprocidad compartida.

Y recuerden el amor incondicional no es de los niños hacia los adultos, ellos ya nos aman incondicionalmente, sino de los adultos hacia los niños. De todos nosotros depende despertar, porque como decía Carl G. Jung, "Quien mira hacia fuera sueña, quien mira hacia dentro Despierta".




"Aquéllo que todo el mundo anhela está presente eternamente
 brillando en el corazón de toda experiencia".
 Rupert Spira


















lunes, 24 de marzo de 2014

Bebés & Perros, magnífica combinación.

Hace ya casi dos años que, por primera vez, puse en contacto a mi perrita Keka con niños.
Iba al domicilio de la pequeña Sira a cuidarla y acompañarla. Se lo propuse a sus padres, a lo que aceptaron encantados.
Una vez por semana, Keka me acompañaba a casa de la pequeña Sira.
Así durante casi 18 meses, pude  ver cómo Keka se dejaba abrazar por Sira con esa energía tan pura; como Keka observaba a Sira, desde el silencio y la cercanía, cuando reptaba, gateaba o se lanzaba en sus primeros pasos, cuidadosa de que no le ocurriese nada; cómo lamía sus manitas o piececillos descalzos en señal de sumisión hacia ella; y cómo ahora después de esos casi dos años sigue haciéndolo con el resto de bebés y niños, y lo que es más importante que el comportamiento de los bebés hacia los perros, en su gran mayoría, por lo menos en los casos que yo he vivido y sigo viviendo, todos, absolutamente todos, interactúan  de la misma manera, mostrando gran curiosidad, amor y afecto de forma instintiva y natural hacia los canes, sin mayor intervención por parte del que acompaña que de la observación y la presencia, dejando ser a cada uno lo que es, sin más.